Nos podemos relacionar con nuestro planeta Tierra de dos formas distintas: podemos tomar un papel de turistas y considerar la Tierra como una fuente de bienes y servicios para nuestro uso, placer y entretenimiento, o podemos actuar como peregrinos de la Tierra y tratar el planeta con reverencia y gratitud. El turista valora la Tierra y todas sus riquezas naturales solo en términos de las utilidades que pueden tener para él. El peregrino percibe el planeta como sagrado y reconoce el valor intrínseco de toda forma de vida. La Tierra viva es buena por sí misma con toda su elegancia y su belleza.
El turista encuentra gratificación en el consumo de los regalos de la naturaleza. El peregrino encuentra encanto en la conservación del esplendor de la naturaleza. Las aguas abundantes de los océanos, la vitalidad de los bosques, las comunidades de aves danzantes, la tranquilidad de los valles y la resiliencia de las magníficas montañas aportan un sentimiento de alegría, de sobrecogimiento y de asombro a los corazones de los peregrinos.
Para ellos, "dios" es la naturaleza, y la naturaleza es su dios. La naturaleza es su profesor, su gurú y su guía. A veces la llaman Gaia, Madre Tierra o simplemente Pachamama.
Los pueblos indígenas del mundo vivían y actuaban como peregrinos. La Tierra era su templo, su iglesia y su mezquita. Se adentraban en el mundo salvaje para su búsqueda de visión. Se sentaban debajo de los árboles para rezar y meditar. No miraban hacia el cielo para encontrar el paraíso: su paraíso estaba aquí en la Tierra.
San Francisco de Asís fue un peregrino de este planeta sagrado. Los lobos, pájaros y todas las criaturas eran sus parientes y amigos; el sol y el fuego eran sus hermanos; la luna, las estrellas, el viento y el agua eran sus hermanas.
Flamencos corazónPara los hindúes, dios no es una persona que se queda sentada en el paraíso. Para ellos toda forma de vida está imbuida de divinidad. Todo, desde una brizna de hierba hasta los altos Himalayas, está impregnado con el espíritu sagrado. Los hindúes se consideran a ellos mismos como peregrinos del planeta Tierra.
Todas las tradiciones religiosas tienen unos sitios sagrados especiales: los montes sagrados de Kailash y Athos, los ríos benditos del Ganges y Yangtze, el Camino de Santiago de Compostela y la Isla de Iona son ejemplos de tales sitios sagrados. Es muy necesario hacer viajes hacia fuera para poder hacer viajes interiores pero la realización significativa de un peregrinaje está en tomar conciencia que la Tierra en su totalidad es sagrada.
Por supuesto, cada uno de nosotros puede descubrir un sitio en particular que resuena con nuestro espíritu, donde se pueda acudir, estar en soledad y encontrarse con uno mismo; puede ser un árbol concreto, un monte, o un trozo de la costa. Un sitio sagrado de este tipo es un símbolo con significado. Un bosquecillo especial, una cueva o un valle pueden ser puntos que nos conectan con la Tierra, del mismo modo que un mantra es un sonido que nos conecta con la conciencia cósmica.
La Tierra sagrada es un anfitrión generoso para todos los peregrinos, pero ¿estamos preparados para ser huéspedes agradecidos en lugar de ser meros turistas?
Por Satish Kumar
















