Margarita - 100 años Coronación Virgen del Valle
Miles de personas acuden el 8 de septiembre al Santuario de la Virgen del Valle para verla de cerca, porque ese día la sacan en procesión. Los que la aprecian se quedan con la boca abierta por lo perfecta de la imagen y lo impecable y llamativo de su vestido. Una persona es responsable de que eso sea así…
Cecilia Mata se para muy temprano el 31 agosto en su casa de Porlamar, rumbo al Valle del Espíritu Santo para preparar todo para la bajada de la Virgen del Valle. El primero de septiembre, día del esperado evento, entra a la iglesia con uno de los trajes que han sido confeccionados especialmente para la imagen. Sube al camarín donde permanece el resto del año y viste a la Madre de Dios con la nueva creación. Este será observado ese día por las miles de personas que acuden al Valle del Espíritu Santo para presenciar “la bajada”, y las millones que la aprecian a través de los medios de comunicación.
Tal vez ninguna de esas personas se imagina cómo es que la Virgen siempre luce tan impecable, tan radiante, tan excelsa; siempre con un vestido nuevo. Nunca se han hecho la pregunta: ¿Quién se encarga de eso? Pues se trata de esta mujer que nos cuenta que aprendió el oficio de su mamá, la señora Belén Sánchez de Mata (†) quien dedicó 50 años de su vida a un oficio que llaman la “Camarera” de la Virgen.
“Hacer este trabajo se convirtió en una especie de tradición en la familia. Yo empecé cuando mi mamá se enfermó. Primero la acompañé para ver cómo era eso de seleccionar los vestidos que se va a poner la Virgen, y todos los arreglos que esto significa. Luego tuve que ir en varias oportunidades sola porque mi madre ya no podía hacerlo. Cuando murió, en junio de 1990, Monseñor César Ramón Ortega me nombró Camarera Oficial de la Virgen del Valle”.
Para Cecilia este trabajo la llena de una profunda espiritualidad porque siente, a pesar de estar consciente de que es una imagen, que está muy cerca de Jesús y de Dios. “Yo siento que le estoy sirviendo a la Madre de Dios. Yo me encargo de peinarla, de vestirla, de cuidarla. Todo el año le pido al Señor que me ayude en el manejo de esa imagen”, afirma con un tono de profunda convicción. Luego confiesa: “es que sus manos son muy frágiles, están unidas en forma de mariposa y ahí radica fundamentalmente lo delicado de cambiarla”.
El arte de vestir
La “Camarera de la Virgen” nos detalla cómo es que llegan los vestidos al Valle del Espíritu Santo y cómo es que son escogidos para tener el privilegio de ser puestos en la imagen de la patrona de Oriente. Dice que durante todo el año están llegando creaciones y que son el párroco del Valle y ella los que deciden cuáles va a lucir la imagen. “Los exhibimos en la Casa Parroquial para que las personas los aprecien”, agrega.
“Lo primero que tiene que hacer la persona que tiene interés en ofrendarle un vestido a la Virgen –continúa- es contactarme para darle todas las indicaciones y darle los patrones, porque los vestidos tienen medidas muy específicas. Yo les indico qué tipo de tela pueden usar y lo más importante, los colores, que no deben ser muy llamativos. Les hago las sugerencias sobre los encajes y otras aplicaciones”.
Aunque pareciera más bien un acto de soberbia y de demasiada orientación para algo que debería fluir de manera más espontánea y creativa, las indicaciones de Cecilia son tan importantes por el simple hecho de que si no se sabe, por ejemplo, que el vestido debe ser abierto atrás para poder colocárselo a la imagen; no califican para la selección.
Un ejemplo es más ilustrativo: “Una vez llegó una señora que trajo un vestido con mucha devoción y le tuve que explicar que no se lo podía poner … me trató de la peor manera. Eso le pasó porque no buscó la asesoría”.
De todos los trajes que se reciben durante el año sólo cuatro tienen el honor de vestir a la Virgen. Uno que se coloca el día de la bajada: el primero de septiembre; otro el día de su cumpleaños: el 8 de septiembre; otro para la octavita: el 15 de septiembre; y un último vestido para el día de la subida: el 8 de diciembre. Si se han recibido más de cuatro, los otros se guardan con mucho cuidado para usarlos posteriormente.
Como cosa curiosa afirma que hay personas que se han gastado hasta 5 millones de bolívares en los trajes. “Eso me parece que es algo ostentoso, porque la Virgen necesita otras cosas. Por ejemplo hay que arreglarle su altar. Esa es una mejor inversión”, afirma.
Cecilia Mata deja en manos de la divina voluntad del Señor su permanencia en uno de los oficios poco comunes para cualquier mortal, afirmando que mientras lo pueda hacer, siempre orientarán sus actos el profundo amor y respeto por la Virgen del Valle.
La imagen
La imagen que viste Cecilia Mata es la misma que llegó de la Nueva Cádiz (Cubagua). Es una creación colonial hecha de madera, aunque no precisamos de qué tipo. Mide un metro 20 centímetros aproximadamente sin la corona. La corona llega a medir hasta 18 centímetros. Otro de los datos interesantes es que el pelo es natural y tiene una extensión entre 30 y 40 centímetros.

Daniel Delgado
Somos Margarita















