Por el Lic. Verni Salazar, Cronista del Municipio Díaz
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Hablar de Margarita, es hablar de un gentilicio de hombres y mujeres que se ha expandido por el mundo entero. El margariteño ha sabido penetrar los corazones de quienes tienen contacto con él, es su espontaneidad, caracterizada por sus acciones y sus gestos; su solidaridad demostrada constantemente con los que están a su alrededor y más allá.
El tiempo ha tratado de socavar en sus bases sentimentales, en su cotidianidad; pero la sangre Guaquerí que navega en su cuerpo, le permite con templanza soportar los embates de este falso desarrollo, que nos invade paulatinamente, disfrazado: primero de Zona Franca y después de Puerto Libre.
Los fantasmas de nuestros antepasados se han aliado con la Virgencita del Valle y el Cristo del Buen Viaje, para formar un gran frente y montados en la Lancha Nueva Esparta, con el amparo y el empuje del Pez Patriota de Miguel Rivera, custodian nuestros mares, y nosotros: los margariteños de verdad acompañamos esta odisea, con la lucha diaria por mantener esta margariteñidad e insularidad que nos diferencia del resto de los venezolanos, es nuestra idiosincrasia, única en el mundo y pancarta de esperanza que se extiende por todos lados, como antorcha perpetua que alumbra desde los 920 metros del cerro San Juan.
El mar de Margarita es algo más que agua salada, es el camino abierto a todos los horizontes, es el grito de un pueblo que deambula con el viento, de nube en nube, en el canto de Francisco Mata y Lucienne Sanabria; en las cuerdas de la bandolina de Beto Valderrama Patiño y el cuatro de Raúl Landaeta; en las notas de las canciones de Perucho Aguirre y Jesús Ávila; en las obras de arte de Francisco Narváez, las pinceladas de Omar Carreño, Pedro Ángel González y Ramón Vásquez Brito; en los acordes de Inocente Carreño y el pentagrama de Fucho Suárez con su “Quinteto Contrapunto”; Margarita es cultura, es arte montado en el arco iris de lo divino, en la poesía de Luís Castro y en el canto improvisado de José Ramón Villarroel; remontando caminos trazados en la lontananza del tañido de los rumbos pasados, en las páginas de Jesús Manuel Subero, Efraín Subero, Esther Quijada de González y Ángel Félix Gómez, y otros hombres y mujeres que han cultivado en su corazón la semilla de la vida que sólo brota cuando hay amor por esta ínsula enclavada en el Mar de Las Antillas.
Así que bienvenidos a recorrer las más hermosas y ricas tradiciones de de este hermoso paraíso, corazón franco y perla de eterno brillo en el piélago caribeño.
El pabellón neoespartano esta compuesto por tres franjas horizontales de desiguales tamaños: Una ancha de color amarillo con un semicírculo blanco que representan las riquezas del estado y las perlas. una azul oscuro por el mar que rodea la entidad insular donde destacan la presencia de tres estrellas blancas que recuerdan a islas de Margarita, Coche y Cubagua que integran el estado, y finalmente una verde que simboliza su naturaleza
















